Justicia y Derechos Humanos

Esta debe ser una declaración bastante conocida para Jaume Salinas Sallent, la que se encuentra en el primer párrafo que hace el preámbulo de la conocida Declaración Universal de Derechos Humanos, la cual señala que: «la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen como base el reconocimiento de la dignidad intrínseca de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana». 

Tal comienzo tiene que ver directamente con la libertad, la justicia, la paz, la dignidad y la igualdad, los cuales apelan a la estructura fundamental cuando se trata de construcción y desarrollo de los Derechos Humanos. Aunque esta declaración no cuenta con un carácter de obligatoriedad jurídica, tanto por la fuerza moral y ética, tanto de todos los principios que le subyacen, como por el grado de consenso que despierta  constituyendo las bases y referencia obligatoria para el desarrollo normativo de las Naciones Unidas en materia de Derechos Humanos.

Pero también, esta declaración es la base sobre la que se sostiene la naturaleza jurídica de todos los organismos regionales y constituciones estatales, con lo cual se convierte en un principio de rango fundamental.

Justicia y Derechos Humanos 

Se trata de dos conceptos que se encuentran notoriamente en armonía, pero que podrían confundir cuando se trata de la ejecución de la ley y de los Derechos Humanos. Y es que no siempre la ley es justa, y tampoco se encuentra elaborada para garantizar el pleno disfrute de los derechos, ni mucho menos para proteger a los hombres y mujeres contra su violación.

Veamos un ejemplo sencillo de ello, basado en las leyes de punto final y obediencia debida que se han promulgado en los países del cono sur de latinoamérica, surgidos con el devenir de la democracia. Intentaron suponer sellar la memoria y con ello  garantizar la impunidad de los criminales de las pasadas dictaduras negando la verdad, la justicia y la reparación a las víctimas de sus delitos. Ahora se presentan como esa herida que nunca sanó en América Latina, con lo cual viven revisando y anulando las leyes que se enfocan en la impunidad con la idea de acercar más la justicia y los Derechos Humanos.

En el caso de España, se trata de una democracia que creció luego de ocurridos los crímenes de la guerra civil sumados al franquismo, los cuales encuentran gran cantidad de obstáculos para que todo pueda ser totalmente esclarecido. Para algunos de ello procede orden legal como la apelación a la Ley de  Amnistía de 1977, aunque también podrían emplearse diversas normativas de rango superior como por ejemplo el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, cuya función es hacer que los crímenes contra la humanidad no sean susceptibles de una amnistía y tampoco prescriban. 

Pero como era de esperar, lamentablemente las democracias no se encuentran exentas de violar los derechos humanos si éstos no se presentan en armonía con sus leyes y su justicia. De esta manera, la democracia busca sus refuerzos sobre las bases de los principios éticos fundamentales con la finalidad de no quedar reducida a un mero acto formal.  De esta misma manera, el estado de derecho al que siempre se apela, en oportunidades alejadas de los principios que pueden sustentarlos, es construida sobre estas mismas bases y las garantías donde ordenamiento jurídico pueda facilitar la realización plena los derechos de las personas.